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Iglesia local ajusta sus servicios para mantener a sus miembros conectados

By Bianca Wright
Esta sala en la Iglesia Piedras Vivas tiene capacidad para unas 500 personas, pero no ha servido a un número remotamente cercano desde los cierres obligatorios en todo el estado. Imagen: Bianca Wright

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Meses atrás, un típico domingo en la Iglesia Piedras Vivas en el centro de Reno lucía completamente diferente. 

Alrededor de 1.100 personas asistían a los tres servicios dominicales de la iglesia. Los feligreses  podían cantar y congregarse juntos sin ponerse mascarillas ni mantener distancias.

Pero después de la orden de cerrar las iglesias en marzo, todo esto cambió. 

“Todos nos consideramos familia”, explicó Renelle Piñero, la diácono de comunicaciones de la Iglesia Piedras Vivas . “No poder estar en la misma habitación con la gente y cantar canciones juntos y rezar juntos… ha sido muy duro”.

"No estamos aquí sólo para publicar un vídeo, estamos aquí para cuidar de la gente", dijo Renelle Piñero, la diácono de comunicaciones de la Iglesia Piedras Vivas. Imagen: Bianca Wright
“No estamos aquí sólo para publicar un vídeo, estamos aquí para cuidar de la gente”, dijo Renelle Piñero, la diácono de comunicaciones de la Iglesia Piedras Vivas. Imagen: Bianca Wright

Después de cerrar completamente sus puertas al público, el personal tuvo que entrar en modo de resolución de problemas, indicó Piñero. Ya habían grabado sus servicios pero aún tenían que averiguar cómo ofrecerlos a distancia para  que sus miembros se sintieran conectados. 

Inicialmente, su plan era transmitir en vivo sus servicios dominicales a través de Facebook y YouTube. Para lograr esto, el equipo pregraba el servicio durante la semana y emite esa grabación el domingo. Shayla Blount, la diácono  administrativa de la Iglesia Piedras Vivas, reveló que trabajaron duro para comunicar estos cambios a los miembros, lo que incluyó hacer más de 700 llamadas telefónicas.

Pero aún faltaban elementos en estos servicios en línea, explicó Blount.

“En las reuniones regulares, puedes ver cuando tu amiga Sue no ha venido en las últimas tres semanas y puedes saber… quién necesita apoyo”, aclaró Blount. “Pero sin tener los ojos puestos en la gente que está alrededor… es muy difícil sentir que estás cuidando apropiadamente a todas las personas que están sufriendo en este momento”.

Así que, a medida que las restricciones disminuyeron, comenzaron su programa de “iglesia dispersa“. Los miembros de la iglesia podían ofrecerse como voluntarios para abrir sus casas para que pequeños grupos de 10 a 30 personas se reunieran en  los servicios dominicales. Blount comentó que esta solución ha sido bien recibida por muchos participantes en el programa. 

“Se puede ver la alegría en los rostros de la gente al ver un rostro real de nuevo, en persona”, dijo Blount. “Creo que eso es enorme”.

Una persona que ha asistido a estas iglesias anfitrionas a menudo es Ashley McDermaid. A pesar de tener que sentarse a dos metros de distancia, llevar una máscara y no saludar físicamente a los demás, para ella ha sido genial volver a conectar con otros. 

“Creo que el mayor efecto secundario [de la pandemia] ha sido sentirse aislado, sentirse deprimido, sentir que eres el único en una isla”, dijo. “Por eso ha sido tan importante reunirse en iglesias caseras… estamos juntos en esto”. 

No obstante  McDermaid mencionó un inconveniente de la nueva oferta de servicios: no es accesible para todos. 

En las casas anfitrionas, los asientos se distribuyen para que haya una distancia social adecuada. Imagen: Ashley McDermaid
En las casas anfitrionas, los asientos se distribuyen para que haya una distancia social adecuada. Imagen: Ashley McDermaid

Antes de su  cierre, la iglesia podía llegar a mucha más gente sin importar su situación, observó Ahora, solamente con servicios en línea e iglesias anfitrionas disponibles, es más difícil comprometerse con la mayor parte de la comunidad. 

“[Los servicios en persona] llegaban a aquellos  que no tenían acceso a Internet; llegaban a la población sin hogar y a los desfavorecidos”, agregó McDermaid. “Ahora, esas personas no tienen acceso a eso porque no estamos en nuestra locación”. 

Pero como la iglesia sirve a tantos, Piñero dijo que reunirse con seguridad en una parroquia de nuevo sería particularmente complicado. Incluso sin el límite de capacidad de 50 personas, sería difícil mantener una distancia social adecuada debido a la cantidad de miembros que normalmente asisten a un servicio. 

Blount estuvo de acuerdo y añadió que no quieren volver a los servicios regulares en persona hasta que puedan ofrecer mejores experiencias que las iglesias anfitrionas. 

No obstante, Blount y Piñero coincidieron en que  esperan con ansias el día en que todos puedan cantar libremente en unidad y reunirse sin restricciones.

McDermaid compartió un sentimiento similar. 

“Nuestro corazón es verdaderamente  para la ciudad”, contó. “Esa es la cosa más importante que anhelo de nuevo… poder conectar con gente que siempre está desconectada”. 

Esta historia fue producida con el apoyo editorial de la periodista Jenny Manrique

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