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Separarse de los seres queridos cambia la forma en que las personas lidian con la pérdida y el dolor

By Bianca Wright
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senior hands in a care home

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Nettie Oliverio no pudo ver a su marido Tony en sus últimos momentos.

Estuvieron casados durante 43 años. Nettie no pudo recordar que a lo largo de todo su matrimonio, hubiese un momento en el que estuvieran separados más de unos pocos días. Pero en junio, tuvo que tomar la difícil decisión de enviar a Tony a un centro de cuidado de la memoria porque su demencia estaba empeorando.

Después de dos semanas y media en el centro, Tony contrajo COVID-19. Murió cuatro días después.

Y todo el tiempo que estuvo allí, Nettie no pudo visitarlo.

“Cuando falleció, ni siquiera pude ver su cuerpo porque era COVID positivo. Así que fue incinerado sin que yo lo viera en absoluto”, dijo. “Sé que se ha ido… tengo sus cenizas aquí, pero porque nunca lo vi en el hospital… y nunca lo vi deteriorarse … mi psique todavía no reconoce eso”.

Signage at the night entrance of Arbors Memory Care in Sparks indicating who is and isn't allowed to enter during the COVID-19 pandemic. Image: Lucia Starbuck
Image: Lucia Starbuck

Experiencias como esta se han vuelto más comunes recientemente. Debido a que la mayoría de los hospitales e instalaciones especializadas no permiten visitas en un intento de reducir la propagación de COVID-19, muchas familias han pasado semanas sin ver a sus seres queridos.

Como Nettie, Vicki Railton fue separada de un ser querido debido a la pandemia. Antes de los cierres de negocios iniciales, Railton visitaba a su madre en un centro de asistencia al menos cuatro veces por semana y hablaba con ella por teléfono todos los días.

Mucho ha cambiado desde entonces. La demencia de su madre empeoró alrededor de marzo, por lo que su memoria no le permitía ser tan receptiva a formas de comunicación remotas. No respondió bien a herramientas como Skype o FaceTime, y las llamadas telefónicas se estaban convirtiendo en un reto, explicó Railton.

Su madre no recordaba las llamadas que hacía, así que le marcaba a Railton todo el tiempo, a veces cada media hora. Esto continuó por un tiempo hasta que su hija tomó la decisión de desconectar su teléfono.

Trató de encontrar otras formas de conectarse con ella. Por un tiempo, Railton escribió cartas para su madre todos los días y se las envió. Pero ella tampoco era muy receptiva a eso: Railton descubrió más tarde que sólo había abierto cerca de la mitad de las cartas.

Después de casi 12 años de apoyar a su madre bajo estas condiciones, Railton reveló que había aprendido a dejarla ir lentamente, pero la separación debido a la pandemia hizo que ese proceso fuera aún más difícil.

“Ha sido un dolor diferente”, expresó Railton. “He aprendido a coexistir con el dolor de todos modos, y a vivir con ella a distancia… Si dejo que me envuelva, no seré capaz de funcionar”.

La semana pasada, Railton finalmente volvió a ver a su madre después de cinco meses. A pesar de que fue a través de una ventana, Railton dijo que fue una experiencia emotiva que le causó alegría..

“Tuve que contener mi entusiasmo… porque en lo que a ella respecta [debido a su demencia], no ha pasado el tiempo”, recordó. “Ella cree que hablamos ayer, o esta mañana. Así que no puedo decir, ‘Oh, Dios mío, mamá, me alegro tanto de verte. Te he echado mucho de menos’, porque eso sería confuso para ella. Así que sólo digo ‘Te quiero’ y ponemos las manos sobre el cristal”.

El dolor fue duro, ahora lo es más

Rachel Ibaibarriaga, psicóloga licenciada especializada en el duelo y la pérdida, explicó que la pandemia hace que el proceso de duelo sea más complicado.

Rachel Ibaibarriaga, PsyD, UNR

“Lo que hace que el duelo sea tan difícil es que se siente indefenso e impotente, y puede ser muy solitario”, anotó. “Antes de que todo esto fuera tan solitario, ya sentía un dolor normal por la pérdida…[y] me sentía muy impotente, y ahora le añades todas las cosas COVID, todas las cosas pandémicas, y creo que lo que ya era muy duro… simplemente se amplifica”.

Antes de la cuarentena, había muchas maneras de lidiar con el dolor. Las personas se sentían libres y seguras para reunirse con amigos o seres queridos, decir el adiós final, celebrar funerales y participar en otras actividades para manejar mejor su estrés.

Pero ahora, ese tipo de estrategias de afrontamiento social han desaparecido, dijo Ibaibarriaga. Además, muchos están de duelo por una multitud de razones diferentes.

“Todos estamos de duelo. Estamos afligidos por las vidas que estábamos viviendo… el año que estábamos planeando. Estamos llorando los hitos perdidos, grandes y pequeños… Estamos llorando nuestras relaciones y conexiones con la gente”, señaló. “Queremos estar conectados entre nosotros ahora más que nunca, porque siento que todo es muy difícil”.

Ibaibarriaga dio un consejo importante para los que luchan durante la pandemia: ser amable consigo mismos.

“Creo que tenemos esta presión de que todos deberíamos estar mejor. Deberíamos tenerlo todo resuelto… Deberíamos pensar que esto es normal ahora”, dijo. “La realidad es que no hay nada normal en lo que está pasando… No hay una forma correcta de hacer esto. Literalmente, todos estamos haciendo lo mejor que podemos”.

También sugirió encontrar aspectos de la vida que puedan controlar, ya sea enviando un mensaje de texto a un amigo o dando un paseo. En general, ella enfatizó la importancia de conectarse con los demás y buscarlos.

“Tendemos a meternos en estas burbujas donde sentimos que somos los únicos que estamos  luchando”, añadió. “Intenten  decirse a sí mismos  que no hay nada débil en pedir ayuda. Es lo más valiente que pueden hacer, especialmente en estos tiempos.” 

Esta historia fue producida con el apoyo editorial de la periodista Jenny Manrique

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